En el caso de la multiplicación de tarjetas para damnificados realizada por Bansefi, Chiapas tiene un lugar especial.

Como se sabe, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores reclamó al Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros el haber depositado 68.8 millones de pesos a tarjetas que habían sido multiplicadas entre dos y 34 veces.

Los once casos con más tarjetas duplicadas están en Chiapas y sólo en esas once se depositaron dos millones 985 mil pesos, 18 veces más de lo debido (165 mil pesos).

Pero hay más: La CNBV encontró que a nombre de otros mil 730 chiapanecos se emitieron entre tres y cinco plásticos.

¿Cómo es que nadie se dio cuenta en Bansefi de tanto dinero dispersado a tarjetas sin dueño en Chiapas? Ni que fueran nuevos en el tema.

En septiembre, el gobierno decidió que Bansefi, con más de un sexenio de experiencia en dispersión de apoyos de programas sociales de Sedesol mediante tarjetas, fuera el encargado de entregar los monederos de plástico destinados a paliar la emergencia.

En esa decisión participaron José Antonio Meade y Vanessa Rubio, entonces número uno y número dos no sólo de la Secretaría de Hacienda, sino también del Consejo Directivo de Bansefi. En otras palabras, cuando las duplicaciones de plásticos, y también cuando el saqueo mediante clonación de cientos de tarjetas ocurrieron, Meade y Rubio formaban parte del colectivo que debería vigilar la buena marcha del Banco del Ahorro Nacional.

De hecho, cuando estalló el escándalo por la clonación de tarjetas, la subsecretaria Rubio prometió a la prensa que darían con los responsables de ese fraude a damnificados.

Eso fue a principios de noviembre, a finales de ese mes Meade fue destapado y, en un movimiento largamente rumorado en columnas, el pasado viernes Vanessa se fue a la campaña priista. Lo hizo con la pompa y ceremonia que hacen todo los tecnócratas: como si de un titular de una secretaría de Estado se tratara, convocó a directores de diferentes organismos para formalizar su renuncia. Entre los que acudieron a la cita a las nueve de la mañana estuvo Virgilio Andrade, titular de Bansefi.

Antes que Vanessa, se fue del gobierno Luis Miranda. El polémico –por su inexperiencia en política social y sus insultos a legisladores– amigo del presidente Enrique Peña Nieto dejó la Sedesol el 10 de enero. ¿Cuál es su nuevo encargo? El PRI de Chiapas.

El nombramiento de Miranda no es sorpresivo. Definido y defendido alguna vez ante periodistas por Peña Nieto como un gran ejecutor, un chicotito que hace que las cosas ocurran, Miranda va a intentar componer el desastre político-electoral que trae en Chiapas el gobernador (es un decir) Manuel Velasco, del que, por cierto, ya se habla que es un nuevo Duarte por aquello de las deudas ocultas a proveedores de luminarias, uniformes escolares, despensas, placas, medicamentos y obras. Chiapas siempre fue demasiado importante como para dejárselo a manuelito, pero pues hoy los priistas no se pueden dar el lujo de perder, doblemente, ese estado.

Pero hay otro dato relevante. ¿A quién le encargó Peña Nieto coordinar la realización del censo de daños en Chiapas por el terremoto del 7 de septiembre, del que finalmente salió el padrón que llevaría a las tarjetas de Bansefi? A Miranda.

Meade, Vanessa y Miranda seguro hablarán pronto de qué hacer para ganar en Chiapas, donde tantas tarjetas duplicadas hubo, pero de eso seguro no hablarán, pues el terremoto y sus consecuencias –entre ellas la duplicación y el saqueo a tarjetas de damnificados– hoy está muy lejos en sus prioridades. ¿O no?

Por El Financiero