En México alrededor de 3.2 millones de niños, niñas y adolescentes realizan algún tipo de trabajo en actividades económicas no permitidas y trabajo no remunerado en actividades domésticas. En Chiapas de acuerdo al INEGI más de 160 mil niños están en condiciones laborales.

Joaquín es uno de estos 160 mil niños que tiene que trabajar para ayudar a su familia, dejando atrás sus sueños de terminar la primaria cuando apenas tiene 11 años de edad.

“Pienso regresar a la escuela, mi ilusión es el de poder entrar a la secundaria. Aunque por ahora tengo que trabajar para pagar la renta del cuarto y enviar dinero a mi casa”, comentó.

Joaquín es originario de la Comunidad Nueva Palestina, y vino a la capital del estado para trabajar como “cangurito” vendiendo dulces y chicles en las calles para ayudar a sus cuatro hermanos menores que viven en la comunidad.

Lo anterior es una prueba del por qué se conmemora el 12 de junio como el Día Internacional Contra el Trabajo Infantil, fecha propuesta para erradicar esta problemática en muchos países.

Por su baja estatura cuesta creer que tenga 11 años. Él lo asegura. En días buenos puede sacar hasta 150 pesos, desde las siete de la mañana hasta las 11 de la noche.

“Pienso volver con mi mamá, mi papá y mis hermanos mayores”, dice mientras despacha un par de paletas de chocolate.

Así como Joaquín existen cientos de niños que trabajan en Tuxtla y en otras ciudades del estado, principalmente en zonas rurales, donde la marginación es frecuente, obligando a niños a emplearse en algún tipo de trabajo.

El representante en México del Fondo de Naciones Unidas Para la Infancia en México (UNICEF) Christian Skoog, dijo que no existen estadísticas exactas de lo que pasa en Chiapas en cuanto al trabajo infantil porque mucho del trabajo es informal, por lo que comentó que la UNICEF recomienda que los niños vayan a la escuela.

“Por eso la UNICEF promueve una formalización de la economía para poder medir y contar cuantos niños se encuentran en esta situación porque deben estar en la escuela y no trabajando”.

En la capital chiapaneca se estima existan aproximadamente 2000 niños en condiciones laborales desde cruceros, vendedores ambulantes, mercados, negocios informales, ayudante de albañil, recolectores, entre muchas actividades más.

Datos de Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), señalan que hasta el 2017 Chiapas contaba con 164 mil 678 niños, de entre cinco y 17 años de edad incorporados al trabajo infantil.

La falta del cumplimiento de obligatoriedad de la educación, desigualdad en la distribución de ingresos, crecimiento urbano acelerado, dispersión de las zonas rurales, migración rural hacia las urbes, son algunos de los factores que fomentan el trabajo infantil.

De igual manera, alrededor del 48% de los niños que trabajan y que se ubican en las colonias más marginadas de Tuxtla, no va a la escuela, mientras que el 50 por ciento de niñas tampoco acude a un aula.

Pero no sólo el trabajo infantil se presenta en las grandes urbes del estado, sino también en las zonas agrícolas, en donde menores se dedican al campo y el esfuerzo es todavía mucho mayor y desgastante que el que se realiza en las ciudades.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) informó que Chiapas está por encima de la media nacional del trabajo Infantil que es de 11.2 % con 12.5 %.

Mientras que Querétaro cuenta con la tasa mas baja de trabajo infantil del país, con un 5.3 por ciento; por el contrario, Nayarit que presenta la tasa más alta, con un 19.7 por ciento.

En 2017 la población infantil de cinco a 17 años en el país ascendió a 29.3 millones de personas, de los cuales 3.2 millones realizaron algún trabajo, es decir 11 por ciento del total, de la tasa que disminuyó respecto al 12.5 por ciento que representó en 2016.

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) informó que del 11 por ciento de niños, niñas y adolescentes que trabajaron, 62.7 por ciento son hombres y 37.3 por ciento mujeres.

Indicó que de esta población, 6.4 por ciento realizó sólo alguna ocupación no permitida, 4.0 por ciento se dedicó a realizar quehaceres domésticos en condiciones no adecuadas y 0.7 por ciento combinó ambas formas de trabajo.