Ciudad de México. La revisión del T-MEC entró esta semana en una fase de mayor presión política y técnica. Estados Unidos y México acordaron un calendario de tres rondas bilaterales para discutir puntos sensibles del tratado, en un momento en que la relación comercial norteamericana sigue marcada por tensiones arancelarias, disputas industriales y la intención de Washington de endurecer su posición en sectores estratégicos. El anuncio coloca al acuerdo comercial más importante de la región en un periodo de negociación intensa que podría definir buena parte del tono económico del segundo semestre.
La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos informó que la primera ronda se realiza entre el 28 y 29 de mayo en la Ciudad de México, con foco en seguridad económica y reglas de origen para bienes industriales clave. Después vendrán una segunda ronda en Washington los días 16 y 17 de junio y una tercera nuevamente en territorio mexicano durante la semana del 20 de julio. Aunque Canadá no aparece en este tramo bilateral, el mensaje de fondo es claro: Washington y Ciudad de México quieren avanzar primero en asuntos donde perciben mayor urgencia política.
Revisión bajo presión industrial y geopolítica
La revisión del T-MEC no ocurre en un vacío. Llega después de semanas de fricción por acero, aluminio, autopartes, inversión y cadenas de suministro. Para México, el desafío consiste en defender su posición manufacturera sin romper la lógica de integración regional que ha sostenido exportaciones, empleo y atracción de capital durante décadas. Para Estados Unidos, el objetivo es ajustar condiciones de competencia y reforzar el control sobre sectores que ahora considera vinculados con seguridad nacional y resiliencia productiva.
El Gobierno mexicano ha intentado proyectar serenidad. Marcelo Ebrard confirmó el calendario y la presidenta Claudia Sheinbaum sostuvo que el inicio formal de conversaciones era una señal esperada dentro del proceso de revisión. Sin embargo, detrás del tono institucional existe conciencia de que cualquier modificación en reglas de origen o en exigencias para bienes industriales puede tener impacto directo en plantas, proveedores y empleo en varias regiones del país.
Lo que está en juego para México
La relevancia de estas mesas va mucho más allá de una discusión técnica entre funcionarios. El T-MEC sigue siendo la columna vertebral de la inserción internacional de la economía mexicana. Si la negociación logra preservar condiciones de acceso y certidumbre, México podría mantener ventaja en la relocalización de empresas. Si, por el contrario, el proceso se endurece o se prolonga con conflictos abiertos, la incertidumbre podría afectar decisiones de inversión en sectores ya tensionados por la competencia asiática y la política comercial de Donald Trump.
Por ahora, la señal central es que la revisión dejó de ser una conversación lejana y ya opera con calendario, temas y presión pública. Las próximas semanas mostrarán si ambos gobiernos consiguen administrar sus diferencias sin convertir la revisión del tratado en una nueva fuente de inestabilidad regional.
Fuente: USTR, La Jornada, El Economista






