Washington. El Mundial 2026 esta a punto de arrancar, pero una parte de la conversacion deportiva en Estados Unidos se esta moviendo fuera de la cancha y hacia los pasillos del poder. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, llego a la recta final del torneo rodeado no solo de ceremonias, sedes y patrocinadores, sino tambien de un escepticismo bipartisan poco comodo en Washington. La AP reporto este 8 de junio que la figura del dirigente suizo despierta reservas entre legisladores y autoridades locales, una señal de que el torneo mas grande del futbol moderno ya carga con tensiones institucionales antes de rodar la pelota.
El fondo de la incomodidad no es puramente futbolero. La FIFA quiere presentarse como motor de prestigio global, turismo e inversion. Pero en Estados Unidos hay voces que miran con recelo su opacidad historica, su apetito politico y la capacidad de su presidente para moverse entre lideres sin someterse a controles equivalentes. El Mundial sigue siendo un negocio monumental, y precisamente por eso el escrutinio tambien escala.
El deporte ya no se separa de la politica organizativa
Durante anos, los megaeventos se vendieron con un relato casi automatico: un torneo grande trae fiesta, derrama y proyeccion internacional. Hoy esa promesa ya no basta. Ciudades sede, congresistas y opinion publica preguntan por costos, seguridad, privilegios fiscales y nivel real de rendicion de cuentas. En ese contexto, Infantino se ha convertido en un simbolo mas amplio: el de una FIFA que quiere capitalizar la expansion del futbol en Norteamerica sin perder su estilo hipercentralizado de mando.
Para Mexico, esta discusion no es ajena. El pais compartira reflector con Estados Unidos y Canada y tambien estara sometido a la misma lupa sobre seguridad, operacion, movilidad y herencia del torneo. Si en Washington ya se instala una narrativa de sospecha sobre FIFA, parte de ese ruido inevitablemente contaminara la lectura regional del campeonato.
El Mundial empieza antes del primer silbatazo
La relevancia deportiva del asunto es clara: el futbol global intenta consolidar su mayor vitrina en el mercado estadounidense justo cuando crece la sensibilidad politica sobre quien se beneficia y bajo que reglas. Eso tensiona la gestion de la FIFA y le quita margen para tratar el torneo como una celebracion incontestable. Cada gesto de Infantino, cada pacto institucional y cada escena con autoridades sera interpretada tambien en clave de poder.
Nada de esto elimina la expectativa por el juego. El Mundial seguira arrastrando multitudes y audiencias masivas. Pero la nota deportiva del dia esta en otra parte: en la evidencia de que el torneo ya no puede separarse de la evaluacion politica de quienes lo administran. Esa es la nueva realidad del futbol de elite. No alcanza con vender pasion y banderas si al mismo tiempo crecen las preguntas sobre privilegios, influencia y control.
Infantino llega al Mundial 2026 con la maquinaria del espectaculo lista. Lo que no tiene asegurado es una recepcion politica tranquila. Y en el deporte contemporaneo, esa diferencia puede pesar casi tanto como el resultado del partido inaugural.
Fuente: AP, Reuters, FIFA






