“Lo mío empezó como un sueño, trabajé y luché hasta alcanzarlo. Los sueños se cumplen, se hacen realidad. Si yo lo pude hacer, que soy de carne y hueso, cualquier persona, niño, joven, lo puede hacer, sólo es cuestión de creernos que lo podemos lograr y verán que sí se cumple”.

Como su segundo nombre Milagros, Paola Espinosa espera el suceso que la lleve a la consagración para ser la clavadista que más medallas aporte al deporte mexicano en la rama femenil.

Tendrá dos oportunidades para lograr tal proeza, en los sincronizados 10 metros con su compañera Alejandra Orozco, pero hay una que se le resiste: la individual.

Paola ha vencido a las chinas y se ha quedado a un paso de subir a lo más alto del podio en olímpicos. Va decidida a dar su mejor repertorio y aunque para ella sería la culminación de toda su carrera, ¿por qué no pensar en dos preseas?

Si Joaquín Capilla (1928-2010), el máximo ganador de metales en este tipo de certámenes sumó cuatro, la oriunda de La Paz tampoco se descarta para alcanzar tal desafío.

Paola aún habla de su deporte como esa niña que quedó atrapada cuando vio por la televisión a Fu Ming Xia en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992.

“Mira papá, yo quiero ser como esa china que no falla ningún clavado”, le dijo a don Marco Antonio, quien con doña Josefina acompañaron a su hija a Atenas (2004), Pekín (2008, bronce) y Londres (2012, plata). Su padre murió hace tres años.

Paola venció a las chinas cuando se proclamó campeona mundial en Roma 2009 y quien la guió a lograr el éxito fue precisamente una asiática, su entrenadora Ma Jin.

A la par de sus logros, la clavadista también se ha preocupado por niños y jóvenes a través de su fundación. Ha invertido para una academia en la ciudad de México y un centro deportivo en La Paz.

Vía La Jornada