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“No pensamos en el Nobel”: equipo de Oxford contra el Covid

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dicho que para finales del próximo año surtirá los centros de salud de 172 países con más de 2 mil millones de dosis de vacunas contra el Covid-19.

La principal instancia sanitaria del planeta sustenta su compromiso en el supuesto de que alguna de las 170 vacunas en desarrollo resultará segura y efectiva. Sin embargo, ocho meses después del descubrimiento del misterioso coronavirus, las instancias que conforman el pelotón de avanzada en la búsqueda del antídoto no están en condiciones de garantizar que su producto llegará con éxito al final de la carrera.

Ni siquiera pueden dar su aval los científicos de la Universidad de Oxford, quienes desarrollan una de las tres vacunas más avanzadas, entre el universo de las que están siendo probadas en seres humanos.

La vacuna de Oxford, en desarrollo conjuntamente con la farmacéutica AstraZeneca, en principio será producida en México y Argentina para abastecer el mercado latinoamericano.

Son aún múltiples las preguntas que siguen sin poder responder los miembros del equipo encabezado por la profesora Sarah Gilbert, quien dice estar extremadamente ocupada, realizando ensayos de laboratorio para demostrar si la vacuna puede evitar que las personas se enfermen.

El Equipo de la Vacuna Covid-19 del Oxford Vaccine Centre informa que es prematuro decir que están cerca de tener una vacuna que funcione.

“Todavía no podemos hablar sobre la eficacia de la vacuna mientras esperamos los datos de los ensayos en curso”, sostiene la fuente consultada. Es aún mucho más difícil predecir cuándo la vacuna candidata ChAdOx1 superará los ensayos clínicos para iniciar su producción masiva.

“No podemos comentar cuándo la vacuna podría estar lista para implementarse en este momento”, apuntan.

Igualmente nadie puede predecir qué esperar de la próxima vacuna, si será una estacional como ocurre con la de la influenza o será una que permita erradicar el virus, como es el caso del antídoto contra la poliomielitis.

“Hasta que no tengamos más información de nuestros ensayos clínicos sobre la longevidad de la vacuna, no podemos emitir este juicio”, indican.

No obstante, entre los virólogos e inmunólogos hay el convencimiento de que el viaje emprendido en centenares de laboratorios en todo el mundo arrojará un resultado positivo.

“Es poco probable que ninguno [de los trabajos por encontrar la vacuna] funcione, pero es difícil comentar qué tan exitosos serán los enfoques individuales en este momento”, sostiene.

“Es probable que necesitemos varias vacunas que funcionen para satisfacer la demanda mundial”, detalla. Desde que recibió la primera notificación de la presencia de un nuevo coronavirus en un mercado de mariscos de la localidad china de Wuhan a la fecha, la OMS contabiliza más de 23.6 millones casos confirmados de Covid-19 y más de 814 mil muertes.

Si bien la carrera por la vacuna es una por salvar vidas y devolverle a la ciudadanía su habitual estilo de vida, también es una por alcanzar el Premio Nobel de Medicina, entregado cada año por el Instituto Karolinska de Suecia.

“No es algo en lo que estemos pensando en este momento”, dicen en Oxford.

El equipo encabezado por Sarah Gilbert, catedrática de la Universidad de Oxford Jenner Institute, y que en sus etapas iniciales de su carrera se enfocó en la búsqueda de un antídoto contra la malaria, involucra profesionales de diversas disciplinas, desde pediatras y sociólogos, hasta inmunólogos y epidemiólogos.

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