Dos horas antes de un partido del Madrid, pocas cosas hay más arriesgadas que tratar de adivinar la alineación de Zidane. Da igual la importancia del duelo, la posibilidad de error es elevada. En San Sebastián, los blancos afrontaban una noche clave, optaban a recuperar el liderato. Era lógico pronosticar que el entrenador francés apostaría por sus 15-16 jugadores más utilizados y esperaría a los siguientes encuentros, contra Mallorca y Espanyol, ambos en descenso, para dar pista a los rezagados del vestuario en medio de un calendario extenuante. Sin embargo, ahí se coló James, inédito en Liga desde el 19 de octubre en Mallorca, de donde el equipo salió con una derrota que hizo mucha pupa en el Bernabéu y marcó el futuro inmediato de algunos futbolistas, entre ellos al cafetero. Hasta este domingo.

El caso explica bien los métodos del técnico para aspirar al título casero, su gran obsesión confesa. En las 30 jornadas que se llevan del campeonato, no ha repetido once ninguna vez. No es nueva esta apuesta. En su primera etapa en Chamartín se inventó con gran éxito lo que entonces se conoció como el “Madrid A” y el “Madrid B”, en un reparto de esfuerzos decisivo en la temporada del doblete de Liga y Champions (2016/17). Entonces, la composición de aquellos dos conjuntos cambiaba de forma radical (en la segunda unidad aparecían Morata, Asensio, James o Kovacic) e incluso se generó el debate de si el B jugaba mejor que el A. Ahora, el fondo de armario no da para tanta transformación junta ni tan seguida, a la vista de las elecciones de Zidane, y las variaciones son menores, pero siempre constantes y, a veces, sorprendentes, como la reaparición en Anoeta de James, en el trastero durante ocho meses.

Siete jugadores (Benzema, Ramos, Casemiro -ausente contra el Mallorca por acumulación de tarjetas-, Courtois, Varane, Kroos y Carvajal) han sido titulares 25 o más veces. A partir de ahí, hay un salto de dos peldaños donde aparecen Modric y Valverde (16), Marcelo y Mendy (13), Bale, Isco y Hazard -lesionado media campaña (11)-, o Rodrygo y Vinicius (9). En total, 23 jugadores han aparecido alguna vez en el once blanco. En el Barcelona, han sido 26 y el reparto en el tramo alto resulta muy similar. La diferencia está en los menos usados, por el peso específico que adquieren en momentos concretos e incluso delicados, como se vio este domingo en Anoeta con el colombiano.

Es un Madrid de 30 caras, tal vez de 38 dentro de un mes, cuando acabe la Liga. El confinamiento de dos meses y el rally abrasivo de partidos, unido a un calor que ya aprieta, está forzando a todos los entrenadores a mover el cesto y buscar refresco. En el caso de Zidane, sin embargo, esta apuesta colectivizadora venía de serie y tiene mucho que ver, además, con otro dato: es el equipo de las cinco grandes ligas europeas con más goleadores diferentes (20). En las dos últimas décadas del torneo español, nadie había alcanzado esta cifra. Este reparto anotador resultó clave durante los tres meses (de diciembre a marzo) en los que la producción goleadora de Benzema se atascó.

El caso Rodrygo

Más allá del tronco de la plantilla, no existe un once tipo. Marcelo y Mendy se alternan en el lateral izquierdo. Valverde y Modric entran y salen en el centro del campo. Isco, ahora lesionado, no aparece en el furgón de los indiscutibles, pero su importancia relativa es alta porque ha sido titular en los dos clásicos, ante el Atlético en casa y contra el City. Lucas Vázquez solo suma cinco titularidades, pero nadie discute el valor que le concede Zidane. Con el añadido, además, de que algunos de estos nombres, sobre todo Marcelo e Isco, aparecían en muchas listas de amortizados hace 12 meses.

A todos va dando pista el francés: a sus imprescindibles, a los importantes, y al segundo y tercer escalón de la plantilla. No importa lo hundido que se encuentre uno en la tabla de minutos. Lo que ocurrió este domingo con James pasó antes con otros. Rodrygo, por ejemplo, fichaje de 45 millones que apenas había aparecido dos ratos al principio de curso, fue el elegido sorpresa para disputar el comprometido duelo de Champions en Estambul contra el Galatasaray el pasado octubre, al que el Madrid llegó con solo un punto en dos partidos. Ascendió entonces al vagón de los destacados del equipo, metió un triplete en el Bernabéu a los turcos, pero desde enero volvió a desaparecer, incluso de las convocatorias. Bajó al filial y en el primer encuentro postconfinamiento regresó a la titularidad ante el Eibar.

Durante sus meses de crecida, el que decayó fue Vinicius, decisivo este 2020 contra el Atlético, Barcelona y Real Sociedad. Ahora, tras su rompedor paso por Anoeta, Zidane deberá decidir cómo lo conjuga con Hazard en la banda izquierda. Y la presencia de Bale, un nombre que por sí solo ya deja más preguntas que respuestas, también ha sido un vaivén. Fue titular en el Metropolitano y en el Camp Nou, y en cinco de los seis primeros encuentros de la temporada después de que el entrenador dijera en verano que el club estaba tratando su salida y que “ojalá” esta fuera “inminente por el bien de todos”. Sin embargo, en este retorno del fútbol únicamente acumula media hora pese a que hubo consenso en señalar su estado físico como el mejor de la plantilla. Cualquier día lo llaman a filas, aunque imposible vaticinar cuándo. Como siempre.